Unos jóvenes entusiastas e inquietos, componentes del Equipo de Redacción
de la Revista "LA TROJE", me piden que colabore escribiendo algo de
toros, lo que quiera. Medito que tema tocar, y por fin me decido por el
"TORO EN EL CAMPO", NACIMIENTO, HERRADERO Y TIENTA, he aquí las
faenas necesarias para la creación de una ganadería brava y que por desgracia
no son lo bastante conocidas por la mayor parte de los aficionados, describámoslas:
En los comienzos de primavera se junta el semental con las vacas, a cada uno
se le echan cincuenta vacas aproximadamente, esta será la única forma de
seguir la pista de sus productos. ¿Por qué la unión se hace en primavera? Muy
sencillo, porque en esta época tiene lugar el CELO de la hembra, pues el macho
conserva el instinto genésico durante todo el año. El celo dura cuarenta y
ocho horas, si la vaca no queda cubierta, reaparece a las tres semanas. Los
síntomas son los siguientes: se vuelve más arisca, está nerviosa, febril, sin
ganas de comer, con los ojos relucientes, escarba, mueve la cabeza, se pegan
unas a otras, etc.

Cuando las vacas han quedado cubiertas, generalmente rechazan al toro. Paren
a los nueve meses, un poco antes las viejas y un poco después las jóvenes,
antiguamente se creía que las vacas criaban alternativamente, un año sí y
otro no, en la actualidad con buen cuido, sobre todo en los meses de invierno,
se consigue que paran si no todos los años, al menos dos de cada tres.
Las vacas se echan al semental a los tres años, como por término medio
viven quince años, según lo anteriormente expuesto, deben darnos en doce años
"OCHO CRÍAS" de las que probablemente, la mitad serán machos y la
otra mitad hembras. Para parir escogen un sitio resguardado del frío, apartado:
una vez que han parido, son sumamente peligrosas, ya que el instinto maternal
las hace adivinar que el hombre que se acerca va a arrebatarle su cría, si
logramos cogérsela, esa será nuestra defensa, presentándosela siempre y
procurando que en el momento de soltarla, tengamos un árbol o piedra cerca para
poder refugiarnos. Cuando por desgracia muere la madre, para sacar adelante la
cría se le busca una NODRIZA, que suele ser alguna vaca mansa que esté
criando, entonces se mata al choto manso, y en su lugar se deja el bravo. Al
principio esta no admite a este falso hijo, entonces se unta de sal el becerro,
a fin de que la vaca le lama y acabe por adoptarle. Pienso que con estas líneas
está explicado lo más importante del nacimiento y configuración del toro.
Pasemos pues al segundo tema que nos ocupa "EL HERRADERO"
Esta es una operación de invierno, veamos el motivo. Los becerros y las
becerras se suelen herrar cuando tienen alrededor de ocho meses, como el
nacimiento viene a ser durante los meses de febrero, marzo y abril, quiere
decirse que ésta habrá de efectuarse entre diciembre y enero. Este día, junto
con el de la separación de la madre es triste para el becerro, es la primera
vez que se ve privado de libertad, pues hay que meterlos en un corral todos
juntos para que pasen la noche, a fin de comenzar la operación la mañana
siguiente.
Frente a la puerta de salida se colocan doce o catorce hombres, digamos que
hace falta para coger al becerro mucha maña y no poca fuerza. Ya está fuera,
corretea alocadamente, por fin el más arrojado de los vaqueros se abalanza
sobre él, se echan los demás, queda inmóvil, uno le sujeta de la cabeza, otro
de las patas, las manos y el rabo.
Comienza el minuto de los grandes sufrimientos para el animalito. El mayoral le
hace en las orejas la señal de la ganadería, el ganadero le pone el número
correspondiente, y algunos invitados se pelean por colocar el hierro o marca de
la casa. La principal razón de cortar la oreja, es provocar una sangría
ligera, para alivio de la gran congestión o sofoquina que sufre el becerro en
este trance. Con el corte del rabo, se persigue únicamente una finalidad
estética, para que las cerdas terminales tengan después una fuerza y lonjitud
tales que causen admiración al saltar el animal al ruedo.

El dibujo, señal o marca que ha adoptado el ganadero se llama HIERRO,
consiste en una barra del mismo metal adosado a esta marca, suele tener metro y
medio de largo con mango de madera, para que no traspase el calor cuando se
encuentra candente, pues si este se encuentra frío, no señala en la nalga del
becerro la correspondiente señal. Terminadas estas operaciones se da suelta al
becerro. Es impresionante ver las carreras que despavorido da, al igual que los
mugidos producidos por el dolor, y que causan a muchos de los asistentes que
acuden por primera vez a estas labores una profunda pena. Dicho esto, pasemos a
describir lo que es más importante LA TIENTA, la prueba cumbre por excelencia,
sirve para seleccionar los productos que serán el orgullo y el origen de ser un
ganadero de bravo, veamos en que consiste:
El día anterior a esta celebración, se encierran las vacas, la cantidad
depende del número de las mismas que tenga la ganadería, y de las que se
calcule que da tiempo a tentar durante el día; normalmente se tienta de
utreras, esta es una prueba para verdaderos aficionados, pues se trata de ver la
vaca en el caballo principalmente, aunque no se descarta su juego en la muleta.
Comienza la prueba, el ganadero pide silencio, no se oye ni el ruido de una
mosca. Sale la primera, corretea un poco a sus anchas, los toreros detrás de
los burladeros la contemplan. Junto a la pared se encuentra el picador, la vaca
al verle acude, pincha la utrera, esta rebrinca al sentir el hierro: vuelve a
tomar otro puyazo de refilón y sale suelta. ¡Ponla en suerte! Dice el
ganadero. Se arranca de nuevo pero no recarga, otra vara más, la vaca muge de
dolor y trata de quitarse el palo. Está vista, no sirve, podéis torearla si
queréis, es obvio que esta vaca va al matadero.
Aparece otra, el animal acude al caballo, rebrinca y parece que huye, pero
cuando siente el dolor, vuelve rápidamente sobre sus pasos y se arranca con
ímpetu de lejos, aprieta, es necesario sacarla al caballo colocándola porque
se duerme en el peto, buen síntoma, pero es sólo la segunda vara. ¡Ponla bien
lejos! Se oye, ésta se arranca con la cabeza y la vista fija en el caballo,
aprieta, mete los riñones, cuesta nuevamente sacarla, así toma tres varas
más, está claro es brava, el ganadero la aprueba, pero quiere verla también
con la muleta. Cógela de largo y torea suavemente porque va a acudir en cuanto
la llames. Efectivamente, la vaca acude con fuerza pero se revuelve, tiene
exceso de casta, al torero no le gusta, no se siente cómodo con ella, no le
deja colocarse con tranquilidad. ¡Don José! No sirve, le dice al ganadero,
pero este con sonrisa socarrona la aprueba. Esta es la diferencia del ganadero
que selecciona para él y para el aficionado, no para el torero, y este es el
motivo de la escasa casta que la mayor parte de las ganaderías poseen. Han
seleccionado para el torero y éste como es lógico desea el toro suave, sin
casta, que le deje colocarse a su capricho para poder hacer esos alardes y
florituras que sirven para engañar al que no es verdaderamente aficionado, pero
me estoy saliendo del tema que nos ocupa, ocasión habrá de analizar todo lo
referente a la bravura.
Decíamos que la vaca ha sido aprobada, pero alguien podrá preguntarse ¿esa
vaca hubiera demostrado la misma bravura si la hubiéramos tentado en otro día?
Evidentemente que no, su bravura con la edad tendrá otras características,
pero de lo que haga en la tienta y en ese momento, dependerá si sirve para
criar o no, ya que de la vaca sólo nos interesa saber si vale para dar hijos
bravos o no. ¿Quiere esto decir que la vaca que aprobamos por brava, da siempre
toros bravos? Efectivamente que no, hay vacas superiores que luego te dan, por
ejemplo, dos hijos buenos, uno que cumple y dos medianos. En cambio otra hembra
buena a secas, da tres hijos y los tres superiores. Otra superior da cuatro
hijos superiores, y cuando el ganadero está tan confiado por ver la pelea del
quinto, resulta que sale de banderillas negras.

Aquí puede el lector observar lo difícil que es ser ganadero,
y si él no sabe conseguir que sus toros sean bravos, siendo el que más
conocimiento tiene de sus productos ¿quién lo ha de saber? ¿Os figuráis el
disgusto que se lleva un ganadero que selecciona sus seis mejores toros para
Madrid, y salen mansos perdidos? Creo que el dicho de que "EL TORO Y EL
MELÓN SON COMO SON", se cumple a la perfección.
Algunas personas, sin duda debido a su ignorancia, creen que
criar toros bravos, ser ganadero, es lo mismo que criar lo que ellos conocen,
por ejemplo ovejas, craso error, como se de deduce de estas líneas sueltas, que
sin ninguna pretensión, únicamente entreteneros, a la vez que complacer la
petición de estos soñadores fundadores de la presente revista, que con agrado
os ha escrito este modesto aficionado.
Saleri